¿DÓNDE ESTÁN LAS BACHA POSH?

Si se pregunta por ellas nadie sabe dónde están. Quiénes son. Cómo encontrarlas. Lo primero, porque son mujeres, y un hombre no debería preguntar, lo segundo, porque existe pudor, un pudor íntimo, primigenio, un pudor arraigado a una costumbre social que existe desde siempre, incluso mucho antes del islam.

Lo han practicado y practican otras culturas, en otros países distintos con religiones distintas. Pero en Afganistán y Pakistán es diferente, porque allí la mujer también es distinta. Tiene otra connotación. La mujer no existe por sí misma, existe como una posesión. Esta circunstancia hace de ella un ser inmaterial, se la ve pero no se la mira. Por eso se tapa, se cubre de arriba abajo. También las manos. Y los tobillos.

Las bacha posh, las “mujeres vestidas de niño” disfrutan de una curiosa solidaridad. Todos saben quiénes son, pero nadie sabe dónde están. Y si lo saben, parecen haberse olvidado. Cuando se les pregunta miran al final de la calle, como si esperasen a alguien. Pero nadie les espera, es solo que no se desea que la mentira aflore a la cara.

Tal vez la razón sea porque lo ha dicho el mulá, o porque respetan a la familia, o por algo mucho más prosaico, como es que se ponen en el mismo lugar. Tener como hijo un bacha posh es una desgracia. Una bacha posh es una treta para salvar la reputación. La reputación, en Afganistán, es muy importante. Se puede vivir sin apenas pan, pero no se puede vivir sin apenas reputación. Tener solo hijas es perjudicar a la reputación, porque un matrimonio sin hijos varones es un matrimonio que no es bendecido. Las mujeres no conservan la herencia, y son depositarias de la reputación de la familia. Eso es mucha responsabilidad. Una reputación dañada es siempre irreparable. No se puede arreglar.

Sí. Es una costumbre atávica. Es un comportamiento execrable. Es incluso atroz, si se tiene en cuenta que estas mujeres difícilmente se olvidan de su pasado cuando han dejado de ser bacha posh. Agachar la cabeza al cruzarse con un hombre, no trepar a los árboles, olvidarse de estudiar, de jugar al balón, de caminar sola por la calle, perder todo eso para volver a ser mujer no puede ser fácil. A una bacha posh se le niega dos veces, una cuando se ve obligada a ser hombre, dos cuando vuelve a ser mujer.

¿Cómo no mirar a otro lado cuando se pregunta dónde está una bacha posh?

Sin embargo, existe una hermosa solidaridad.

 

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